Cuando las falanges de todo este deseo grismente mudas se descarnen tal vez retengan el calor del puño del asiduo maxilar de alguna tarde.
Pero antes del polvo indiferente y el descuido de algun sepulturero cederán al aire cada gesto fundirán el resto con el cieno y por fin se restará esta vida del ambiguo ser que soy sincero.
Si lo encuentras en tres segundos, tu cerebro es más desarrollado que el de las personas normales. Si lo encuentras en un minuto, tu cerebro tiene un desarrollo normal. Si tardas de 1 a 3 minutos, tu cerebro esta reaccionando lentamente, ingerir mas proteína te puede ser de ayuda. Si te tardas mas de 3 minutos, tu cerebro es muy lento y la única sugerencia es que cambies de dentista.
Todas las crónicas de 1971 indicaban que el brillante músico murió por una insuficiencia cardíaca. Un libro revela la verdadera causa de la muerte del artista. ¿Por qué no se le hizo una autopsia? Es sólo una de las preguntas
La historia oficial dice así: la última noche de su vida, Jim Morrison fue al cine, oyó música, se sintió mal, se metió a la bañera y murió allí de insuficiencia cardíaca, a la edad de 27 años, en París. Sin embargo, siempre ha habido rumores y misterio en torno al deceso del líder de The Doors y, 36 años después, el ex gerente de un club nocturno parisino tiene otra historia que contar. En un nuevo libro, Sam Bernett alega que el legendario rockero murió sentado en un inodoro de su club tras lo que él cree fue una sobredosis de heroína. Escribe sobre su conmoción al encontrar el cuerpo de Morrison: "El extravagante cantante de The Doors, el hermoso chico de California, se había convertido en una masa inerte arrugada en el excusado de un club nocturno". Bernett, cuyo libro en francés se titula "El fin: Jim Morrison", dice que dos vendedores de drogas sacaron el cadáver del lugar y que, supone, lo llevaron hasta su apartamento. Bernett, que tenía poco más de 20 años cuando Morrison murió en 1971, llegó a ser un prominente locutor de radio, biógrafo de rockeros y vicepresidente de Disneyland Paris. Aunque por años lo molestaron reporteros con preguntas sobre la muerte de Morrison, mantuvo la historia en secreto hasta que su esposa le sugirió el año pasado que escribiera un libro. "Para mí es (un recuerdo) muy malo", dijo Bernett a la AP. Un funcionario de la fiscalía de París dijo que era poco probable que el caso de Morrison volviera a abrirse porque la ley de proscripción ya se venció. Por años se ha conjeturado que Morrison falleció de una sobredosis y que comenzó a sentirse mal en el club nocturno. Se dice que los testigos no hablaron por temor a ser investigados. Stephen Davis, el autor de "Jim Morrison: vida, muerte, leyenda", dice no estar listo para reescribir su historia. Basado en su reporte, él cree que el cantante tuvo una sobredosis en el club poco antes de su muerte, no la misma noche, y que sobrevivió. "Es muy probable que, si murió en el inodoro de un club nocturno, se hubiese sabido antes", opina. Morrison se mudó a París en marzo de 1971 durante un momento difícil en su vida. En un concierto de 1969 en Florida lo acusaron por mostrarle al público sus genitales y lo hallaron culpable de exposición indecente e irreverencia. El caso llevó a los promotores a cancelar otras presentaciones del grupo, que además enfrentó una ola de publicidad negativa. Morrison se fue a la capital francesa con su apelación pendiente. Allí vivió en un apartamento con su novia, Pamela Courson, y recorrió las calles con una bolsa plástica en la que llevaba sus escritos. Subió tanto de peso que se volvió casi irreconocible y su salud se vio afectada. También salió de juerga. Pasó "prácticamente todas las noches" en el Rock and Roll Circus, un club de moda gerenciado por Bernett al que acudían estrellas como Roman Polanski y Marianne Faithfull, dijo Bernett. A alrededor de la 1 de la mañana del 3 de julio de 1971, llegó al club y se reunió con dos hombres. Eran vendedores de drogas que le suplieron heroína para Courson, según Bernett. En un momento éste notó que Morrison había desaparecido y más tarde el guardia del local derribó la puerta del excusado para descubrir al cantante inconsciente, declaró. Bernett dijo que le pidió a un doctor cliente del club que examinara al cantante. "Cuando lo encontró muerto, tenía un poco de espuma en la nariz y también algo de sangre y el doctor dijo, 'debe ser una sobredosis de heroína'"', indicó Bernett. Acotó que él no vio a Morrison consumiendo la droga esa noche pero que el cantante era conocido por aspirarla en lugar de inyectársela porque le tenía miedo a las agujas. De acuerdo con Bernett, los dos comerciantes de drogas insistieron en que Morrison estaba sólo inconsciente y lo sacaron cargado del lugar. Bernett dice que quiso llamar a los paramédicos y a las autoridades, pero que el dueño del club le ordenó que se mantuviera callado para evitar un escándalo. El otrora gerente cree que los hombres trasladaron el cadáver de Morrison a su casa y lo arrojaron a la bañera en un último intento por reanimarlo. La novia del astro, quien murió tres años después de una sobredosis, le contó a la Policía una historia diferente. Courson dijo que salieron al cine y a cenar esa noche, escucharon música y se durmieron, pero que Morrison se despertó con malestar y se dio un baño caliente. Afirmó que lo encontró muerto en la bañera. Morrison fue enterrado el 7 de julio de 1971 en un pequeño cementerio, el Pere Lachaise, sin fanfarria. Nunca le realizaron una autopsia.
Se declaró la guerra y un tal Luigi preguntó si podía alistarse como voluntario. Todos le hicieron un montón de cumplidos. Luigi fue al lugar donde entregaban los fusiles, tomó uno y dijo: - Ahora voy a matar a un tal Alberto. Le preguntaron quién era ese Alberto. - Un enemigo -respondió-, un enemigo mío. Los otros le dieron a entender que debía matar a cierto tipo de enemigos, no los que a él le gustaban. - ¿Y qué? -dijo Luigi.- ¿Me tienen por ignorante? El tal Alberto es justamente de ese tipo, de ese pueblo. Cuando supe que le hacían guerra, pensé: "Yo también voy, así puedo matar a Alberto". Por eso vine. A Alberto lo conozco: es un sinvergüenza y por unos centavos me hizo quedar mal con una mujer. Son viejas historias. Si no me creen, se lo cuento todo con detalle. Los otros dijeron que sí, que de acuerdo. - Entonces -dijo Luigi- explíquenme dónde está Alberto, así voy y lo peleo. Los otros dijeron que no lo sabían. -No importa -dijo Luigi.- Haré que me lo expliquen. Tarde o temprano terminaré por encontrarlo. Los otros le dijeron que no se podía, que él tenía que hacer la guerra donde lo pusieran y matar a quien fuese, Alberto o no Alberto, ellos no sabían nada. - Ya ven -insistía Luigi-, tendré que contárselo. Porque aquél es realmente un sinvergüenza y hacen bien en declararle la guerra. Pero los otros no querían saber nada. Luigi no conseguía dar sus razones: - Disculpen, a ustedes que mate a un enemigo o mate a otro les da igual. A mí en cambio matar a alguien que tal vez no tenga nada que ver con Alberto, no me gusta. Los otros perdieron la paciencia. Alguien le dio muchas razones, y le explicó cómo era la guerra y que uno no podía ir a buscar al enemigo que quería. Luigi se encogió de hombros. - Si es así -dijo-, yo no voy. - ¡Irás ahora mismo! -le gritaron-. ¡Adelante, marchen, un-dos, un-dos! - Y lo mandaron a la guerra. Luigi no estaba contento. Mataba enemigos, así, por ver si llegaba a matar también a Alberto o a alguno de sus parientes. Le daban una medalla por cada enemigo que mataba, pero él no estaba contento. "Si no mato a Alberto", pensaba, "habré matado a mucha gente para nada". Y le remordía la conciencia. Entre tanto le daban una medalla tras otra, de toda clase de metales. Luigi pensaba: "Mata que te mata, los enemigos irán disminuyendo y le llegará el turno a aquel sinvergüenza". Pero los enemigos se rindieron antes de que hubiese encontrado a Alberto. Tuvo remordimientos por haber matado a tanta gente por nada, y como estaban en paz, metió todas las medallas en un bolso y recorrió el pueblo de los enemigos para regalárselas a los hijos y a las mujeres de los muertos. En una de esas veces encontró a Alberto. -Bueno -dijo-, más vale tarde que nunca. - Y lo mató. Fue cuando lo arrestaron, lo procesaron por homicidio y lo ahorcaron. En el proceso él se empeñaba en repetir que lo había hecho para tranquilizar su conciencia, pero nadie lo escuchaba.
Cerrás la puerta por fuera, luego tratás de entrar
Así de sencillo, salís y cerrás la puerta sin pensarlo. Y cuando te das cuenta de lo que has hecho es demasiado tarde. Si parece la historia de una vida, perfecto. Estaba lloviendo. Los vecinos que tenían una llave no estaban. Lo intenté varias veces por las ventanas de abajo. La mirada fija en el sofá, las plantas, la mesa, las sillas y el equipo de música. La taza de café y el cenicero esperándome en la mesa de cristal, y mi corazón que se iba hacia ellos. Les dije: hola amigos, o algo parecido. Después de todo, no era tan grave. Cosas peores habían pasado. Incluso tenía su gracia. Encontré la escalera. La agarré y la apoyé contra la pared. Subí bajo la lluvia a la terraza, pasé sobre la barandilla y lo intenté con la puerta. Estaba cerrada, por supuesto. Pero volví a mirar hacia dentro, mi escritorio, los papeles y la silla. Era la ventana por la que miraba cuando alzaba la vista de la mesa. Esto no es como lo de abajo, pensé. Esto es algo más. Había allí algo que nunca había visto desde la terraza. Estar allí adentro y no estar. No sé cómo explicarlo. Pegué la cara al cristal y me imaginé dentro, sentado a la mesa. Alzando la vista del papel de vez en cuando, pensando en otro lugar y otro tiempo. La gente que había amado entonces. Me quedé allí un rato bajo la lluvia. Me consideraba el hombre más afortunado del mundo. Incluso cuando me pasó por encima una ola de pena. Incluso cuando me sentí francamente avergonzado por el daño que había causado. Le di un fuerte golpe a aquella hermosa ventana. Y entré.